Nada como un maravilloso despertar apreciando al final de tu recto una preciosa y secada mierda.
Notar como se aproxima a la gran salida y simplemente dejarse llevar, y es cuando yo me pregunto, debería dejarla salir ser libre y disfrutar de los placeres de flotar por el mar, o por el contrario quizás debería de permanecer en lo más interno de mi intestino, una pequeña simbiosis humano-mierdil.
Mucha mierda a todos
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